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El hobbit

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Título: El hobbit

Autor: J. R. R. Tolkien

Año de edición: 1937

Época literaria: siglo XX

Género: novela

Tema: aventuras

Valores: amistad, lealtad, valor

Ahora bien, parece extraño, pero las cosas que es bueno tener y los días que se pasan de un modo agradable se cuentan muy pronto, y no se les presta demasiada atención; en cambio, las cosas las cosas que son incomodas, estremecedoras, y aun horribles, pueden hacer un buen relatos, y además llevan tiempo contarlas

 

En El hobbit, J. R. R. Tolkien da comienzo a la creación de uno de los universos más complejos del mundo ficcional: la Tierra Media de El señor de los anillos. Esta novela, que Tolkien escribió para sus hijos, abre las puertas a criaturas como los hobbits, los enanos, los elfos o los trasgos.

La obra relata cómo Bilbo Bolsón, un pequeño hobbit que disfruta de la comodidad de su hogar, decide abandonarlo para embarcarse en una aventura con una compañía de enanos y la ayuda del mago Gandalf. Juntos, recorrerán diversas regiones y superarán numerosos obstáculos hasta llegar a la Montaña Solitaria, en cuyo interior se encuentra el antiguo reino enano de Érebor, que ha sido usurpado por el dragón Smaug. Como parte de su periplo, Bilbo encuentra un anillo mágico —el anillo único, como el lector habrá sospechado—, gracias al cual se libra de más de un entuerto.

El hobbit es, además de una divertida narración de aventuras, una suerte de bildungsroman, en la que el personaje de Bilbo, que comienza como un cobarde y un quejica, encuentra poco a poco su madurez y valor. Contiene también una reivindicación de la ideología de Tolkien: una vida tranquila, pacífica, centrada en el cultivo personal y el cuidado de la tierra resulta mucho más beneficiosa que los anhelos de poder o riquezas, que conducen inevitablemente al mal.

Verónica Casais.

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Arsenio Lupin

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Título: Arsenio Lupin (Arsène Lupin).

Autor: Maurice Leblanc.

Año de edición: 1907-1941

Género: relatos.

Tema: policiaca.

Valores: amistad, valor, lealtad.

Arsenio Lupin es un ladrón de guante blanco que tiene París como centro de sus actuaciones. Pero no crean que roba cualquier cosa. Arsenio es, ante todo, un caballero y un ladrón de gusto exquisito. Cuentan que, cuando fue a robar a casa del barón Schormann, dejó todo intacto y sólo encontraron su tarjeta, en la que se leía:

Arsenio Lupin, Ladrón y Caballero, volverá cuando los muebles de esta mansión sean auténticos”.

Lupin realiza sus robos con tal limpieza que resultan grandes misterios para la policía: los dueños en casa, la habitación cerrada con llave, los muros gruesos y las ventanas cerradas. Y, aún así, el collar de la reina desaparece. El pobre inspector Gallimard, cada vez que un caso se le atasca, masculla irritado: esto debe ser cosa de Lupin.

“Lo que nos regocija en lo que podríamos llamar espectáculos de Arsenio Lupin es el papel eminentemente cómico de la Policía. Todo ocurre al margen de ella. Lupin habla, escribe, previene, ordena, amenaza y ejecuta como si no existiese el jefe de la Süreté, ni los agentes, ni los comisarios, ni nadie, en fin, que pueda estorbarlo en sus designios. Todo eso se considera como nulo y no existente. El obstáculo no cuenta”.

Traigo además estos relatos para fastidiar un poco a Berta. Y es que Arsenio Lupin termina venciendo a Sherlock Holmes. Al pobre detective lo marea por París, le pierde la ropa, lo encierra en una casa abandonada… Del mismo modo que Dumas dice que la cerveza vuelve groseros a los ingleses y que su luna es como un plato de queso, Leblanc hace que su caballero vapulee repetidas veces al anglosajón.

“Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes… Francia contra Inglaterra… Al fin será vengado Trafalgar… ¡Ah, desgraciado…! No sospecha que estoy preparado…, y un Lupin prevenido…”

El personaje del ladrón aparece por primera vez en relatos publicados en la prensa. Leblanc los recogió en varios volúmenes (Arsenio Lupin: caballero y ladrón, Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes…) y publicó varias novelas sobre el protagonista. Los relatos son muy breves pero entretenidísimos. En ellos, Lupin aparece como un fantasma, cambia de apariencia a su antojo… Y esto se traduce a la escritura: los cambios de tercera a primera persona son comunes, el protagonista permanece oculto hasta las últimas páginas… Todo ello conseguirá mantener en vilo al lector hasta el final.

 

Lourdes G. Trigo.

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El vizconde de Bragelonne

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Título: El vizconde de Bragelonne (Le vicomte de Bragelonne)

Autor: Alexandre Dumas

Año de edición: 1847

Época literaria: Romanticismo.

Género: novela.

Tema: aventuras.

Valores: amistad, valor, lealtad.

 

“–¡Oh! ¡Majestad, qué palabra! ¡Más tarde! Ya hace treinta años que conozco esa palabra llena de bondad, que ha sido pronunciada por tan insignes personajes, y que a su vez acaba de pronunciar vuestra boca. ¡Más tarde! Así es como he recibido veinte heridas y llegado a la edad de cincuenta y cuatro años sin tener nunca un luis en mi bolsa; y sin haber encontrado nunca un protector en mi camino, ¡yo que he protegido a tantas personas! Así que cambio de fórmula, Majestad, y, cuando me dicen: ¡Más tarde!, respondo: en seguida. Lo que yo solicito es el descanso. Bien puede concedérseme, porque nada costará a nadie.”

 

Han pasado treinta años desde que nombraron a Monsieur d’Artagnan teniente del cuerpo de mosqueteros. Se advierte ya un tono nostálgico desde el inicio. El joven lleno de ilusión de la primera novela se ha convertido en un hombre mayor, que echa de menos a sus amigos, a su antiguo capitán de mosqueteros (Tréville), a un rey fuerte a quien ofrecer su lealtad e, incluso, a su enemigo Richelieu. Ahora, el mosquetero sólo tiene por amo a un rey débil y mezquino que deja la política en manos de un cardenal extranjero, débil sombra del anterior valido. Pero si Artagnan ha perdido su ilusión en el cuerpo, encontrará ocupación en otras empresas. En este caso, en Inglaterra. Deberá para ello encontrar a sus antiguos compañeros: Athos, Phortos y Aramis. Juntos y por separado, los amigos se verán enredados en las intrigas más oscuras de la política europea.

Dumas atrapa con sus personajes. Cada uno encarna un perfil diferente: el aristócrata elegante y taciturno, el vanidoso y simplón, el político y ambicioso y, sin que necesite más definición, el ingenioso gascón. La amistad entre ellos resulta tan natural que es imposible no formar parte de ella. Sus aventuras nos enredan una tras otra.

Alejandro Dumas, además de novelista, fue también escritor de teatro, poesía, libros de viajes, etc. Llegó a publicar más de trescientos títulos por entregas. Entre todos ellos hay personajes que han quedado en la memoria popular de la literatura: Edmundo Dantés, Milady, Monsieur d’Artagnan…

 

Lourdes G. Trigo.

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Aventuras de Dick Turpin

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Título: Aventuras de Dick Turpin.

Autor: W. Harrison Ainsworth (en otras ediciones: anónimo o Charles C. Harrison)

Época literaria: Romanticismo.

Género: novela.

Tema: aventuras.

Valores: lealtad, valor.

«El negro Batanero, mientras limpiaba las botas de su jefe, cantaba a voz en cuello una canción sin sentido. Palabra que se le ocurría, palabra era que agregaba a su canción con gran regocijo de su parte y desesperación de sus compañeros.

-¡Cállate, negro del demonio! -le gritó Peters, sin dejar de limpiar su pistola.

Pero el negro continuó cantando alegremente sin preocuparse por los oídos de sus compañeros, y sin hacer caso de sus elocuentes miradas. Pero intervino Moscarda con su vozarrón impresionante:

-¡Si en algo aprecias tu cabeza, cierra el pico, ruiseñor negro!

Y Batanero, que sabía cómo se las gastaba Moscarda, interrumpió su canción.»

-¿El jefe piensa salir?

Basado en el bandolero inglés Richard Turpin, Las aventuras de Dick Turpin nos presentan a un bandolero justiciero, al más puro estilo de Robin Hood, que saquea y mata cuando es necesario, acompañado de su banda (Peters, Moscarda, el negro Batanero…) y siempre al servicio de los más necesitados.

En las ediciones que disfruté (1967, editorial Ramón Sopena) dividen la historia del bandolero en tres libros: Aventuras de Dick Turpin, La venganza de Dick Turpin y El indulto de Dick Turpin.

No es una gran obra literaria. No tiene grandes pasajes líricos ni diálogos bien compuestos ni meditadas palabras. He traído el libro porque la lectura atrapa en un torbellino incesante de aventuras y enredará entre sus páginas al lector, aún más si es joven. El personaje de Dick Turpin resulta fascinante a la manera de los héroes románticos: pirata y ladrón pero con un inquebrantable código de honor.

Es un libro sin grandes pretensiones. Una novela de lectura fácil, de entretenimiento, de evasión, apta para cualquier edad.

 

Lourdes G. Trigo.

(dejo aquí una edición digital hecha por www.elalehp.com y distribuida por la Fundación Averroes)

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Cancionero y romancero español

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Título: Cancionero y romancero español

 Autor: varios autores. Recopilación de Dámaso Alonso.

 Año de edición: 1969

 Época literaria: Edad Media, Renacimiento, Barroco.

 Género: poesía.

 Tema: varios.

 Valores: amor, amistad, lealtad, valor.

 

“— ¡Abenámar, Abenámar,

moro de la morería,

el día que tú naciste

grandes señales había!

Estaba la mar en calma,

la luna estaba crecida,

moro que en tal signo nace

no debe decir mentira.”

 El Cancionero y Romancero español recoge toda nuestra primera literatura tradicional. La que va de boca en boca. Recoge los primeros suspiros de amor, las hazañas de nuestros primeros héroes, los primeros cuentos que se cantan.

Dámaso Alonso divide su antología en tres partes: Cancionero anónimo, Cancionero de autores conocidos y Romancero anónimo. En la introducción destaca el recopilador el Cancionero por ser, dice, menos conocido que el Romancero, que se empieza a estudiar desde el siglo XIX. Dedica especial atención a las jarchas, pequeñas composiciones en el dialecto español hablado por los mozárabes que quedaron “congeladas” en grandes poemas árabes y judíos. Son canciones de amor de una mujer a un hombre, canciones al “amigo ausente”. Me parecen deliciosas.

 “¿Qué faré yo o qué serád de mibi?

¡Haribi,

Non te tolgas de mibi!”

(Amigo, ¡no te apartes de mí! ¿Qué haré, qué será de mí si tú me dejas?)

Estos y otros poemas líricos se recogen en el “Cancionero anónimo”

Más tarde, grandes autores conocidos desde el Siglo de Oro, como Góngora o Lope de Vega, hasta el siglo XX, como Lorca, recogen esta poesía popular. Glosan y repiten estas canciones. Son los que Dámaso Alonso recoge en el “Cancionero de autores conocidos”. Como muestra traigo estos delicados versos de Juan dell Enzina:

 Ojos garzos ha la niña:

¿quién ge los namoraría?

Son tan bellos y tan vivos,

Que a todos tienen cativos;

Mas muéstralos tan esquivos

Que roban ell alegría.

 El romance, en cambio, es narrativa en verso. Dámaso Alonso los clasifica por contenido en “histórico-legendario” de tema nacional o extranjero y de “tema novelesco”. El romance es un cuento cantado. Relatan historias sencillas pero con fuerte carácter lírico como El enamorado y la muerte o La doncella que fue a la guerra.

Los romances son también reflejo de los grandes episodios de nuestra historia, especialmente la Reconquista. Grandes héroes y villanos, reyes y traiciones, batallas ganadas y perdidas que se magnifican y se adornan. Son los romances de la destrucción de España por el rey don Rodrigo, de los Infantes de Lara, del cerco de Zamora y del Cid Campeador, y de la conquista de Granada. Se recogen también romances que proceden de leyendas medievales francesas o de la antigüedad clásica.

Mis preferidos, sin duda, son los romances del Cid. Al rey don Sancho lo matan en Zamora y le sucede su hermano don Alfonso. A este le hace jurar el Cid que no tuvo parte en aquella traición. El rey, enfadado, lo destierra un año y el Campeador, tan altivo, le responde así:

 “—Que me place, dijo el buen Cid,

que me place de buen grado,

por ser la primera cosa

que mandas en tu reinado:

tú me destierras por uno,

yo me destierro por cuatro.”

El Cancionero y Romancero español es un elemento vivo. Como recopilación de la tradición oral es corriente encontrar distintas versiones de un mismo romance. Abría esta reseña con unos versos del romance de Abenamar citados tal y como los aprendí de pequeña, recitados por mi madre. Para cerrar, os dejo estos mismos versos en la versión recogida por Dámaso Alonso:

“- Abenamar, Abenamar,

moro de la morería,

hijo eres de perro moro

y de cristiana cativa.

Tu padre llaman Alí

y a tu madre Catalaina.

Cuando naciste

estaba la luna crecida,

y la mar estaba en calma,

viento no la rebullía.

Moro que en tal signo nace

no debe decir jamás mentira.”

 

Lourdes G. Trigo

(dejo aquí el Romancero Viejo en edición digital de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes)

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