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Rimas

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Título: Rimas.

 Autor: Gustavo Adolfo Bécquer

 Año de edición: 1871

 Época literaria: Romanticismo.

 Género: poesía.

 Tema: poesía, amor, desamor, desengaño, muerte, soledad, olvido.

 Valores: lealtad, sinceridad, amor.

 

Los extravagantes hijos de mi fantasía, duermen por los tenebrosos rincones de mi cerebro, acurrucados y desnudos, esperando en el silencio que el Arte los vista de la palabra, para poderse presentar decentes en la escena del mundo.

Así comienza Bécquer la Introducción Sinfónica a sus Rimas. Justificando tal explosión posterior de sentimientos.

Son poesías cortas, muchas de ellas beben directamente de la popular. Con pocas figuras literarias complejas. No exponen un sentimiento magnificado, casi teatral, como los primeros románticos. Son más bien confesiones en voz baja cargadas de lirismo y sensibilidad. Aunque no confundamos la sencillez con la simplicidad: son versos enormemente trabajados, que cuidan con esmero el ritmo y la sonoridad en todas sus sílabas.

Olas gigantes que os rompéis bramando

en las playas desiertas y remotas,

envuelto entre la sábana de espumas,

¡llevadme con vosotras!

 Las Rimas fueron publicadas por sus amigos, en especial Rodríguez Correa, que agrupa en cuatro partes temáticas los versos que rescató del Libro de los gorriones y de manuscritos del autor.

En la primera parte se habla del amor hacia la poesía, hacia lo imposible, lo intangible. Rimas que hablan de la inspiración fugaz, del deseo de eternidad por medio de las letras, la poesía como vehículo de sus sentimientos más íntimos. El poeta parece sentir lo imposible de reflejar en palabras todo lo que lleva dentro.

 —Yo soy un sueño, un imposible,

vano fantasma de niebla y luz;

soy incorpórea, soy intangible:

no puedo amarte.

—¡Oh ven, ven tú!

 En la segunda parte, su amor deriva de la poesía hacia algo concreto, que describe de mil maneras, que la hace hablar, moverse, bailar: la mujer. Rimas galantes, dulces. Versos que, confieso, fueron los primeros que leí en mi adolescencia.

Por una mirada, un mundo,

por una sonrisa, un cielo,

por un beso… ¡yo no sé

que te diera por un beso!

 A partir de la rima XXX se agrupan aquellas que pasan a hablar del amor no correspondido, de la dignidad herida del poeta, del dolor profundo que siente, que le ha causado ella.

 Pero mudo y absorto y de rodillas,

como se adora a Dios ante su altar,

como yo te he querido…, desengáñate,

¡así no te querrán!

 Y, finalmente, ese dolor deja paso a la más desesperante angustia. La muerte de su hermano, el abandono de su esposa. La soledad, la muerte y el miedo al olvido son temas recurrentes que a veces se reflejan en los paisajes más románticos: ruinas, monasterios abandonados…

 La piqueta al hombro

el sepulturero,

cantando entre dientes,

se perdió a lo lejos.

La noche se entraba,

el sol se había puesto:

perdido en las sombras

yo pensé un momento:

«¡Dios mío, qué solos

se quedan los muertos!»

Los hermanos Álvarez Quintero promovieron la realización de una glorieta conmemorativa a Bécquer en el sevillano Parque de María Luisa. En su inauguración dijeron que (cito de memoria) quedaban con la conciencia tranquila. Que al recitar los versos:

¿Quién en fin al otro día,

cuando el sol vuelva a brillar,

de que pasé por el mundo,

¿quién se acordará?

podrían decir con orgullo “¡Nosotros! Nosotros nos acordaremos.” Ojalá cada uno de nosotros, leyendo su poesía, podamos hacer nuestra esa frase.

Lourdes G. Trigo.

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