El Lazarillo de Tormes

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Título: El Lazarillo de Tormes

 Autor: Anónimo

 Año de edición: 1554

 Época literaria: Renacimiento

 Género: novela.

 Tema: picaresca

 Valores: imaginación, ganas de vivir.

 

“–Agora quiero usar yo contigo de una liberalidad, y es que ambos comamos este racimo de uvas de él tanta parte como yo. Partirlo hemos de esta manera: tú picarás una vez y yo otra, con tal que me prometas no tomar cada vez más de una uva. Yo haré lo mismo hasta que lo acabemos, y de esta suerte no habrá engaño.

Hecho así el concierto, comenzamos, mas luego al segundo lance, el traidor mudó propósito, y comenzó a tomar de dos en dos, considerando que yo debería hacer lo mismo. Como vi que él quebraba la postura, no me contenté ir a la par con él; mas aun pasaba delante: dos a dos y tres a tres y como podía las comía. Acabado el racimo, estuvo un poco con el escobajo en la mano y, meneando la cabeza, dijo:

­–Lázaro: engañado me has. Juraré yo a Dios que has tú comido las uvas de tres en tres.

­­­–No comí –dije yo–; mas, ¿por qué sospecháis esto?

Respondió el sagacísimo ciego:

–¿Sabes en qué veo que las comiste tres a tres? En que yo comía dos a dos y callabas.”

 

Con todos los casos de corrupción que saltan en los periódicos, más de un comentarista ha sacado a relucir el episodio de las uvas de El Lazarillo de Tormes, y me han dado unas ganas enormes de releerlo. Los clásicos son tales porque apenas cambiamos: “holgábame a mí de quebrar un ojo por quebrar dos al que ninguno tenía

 La novela lleva un hilo argumental precioso: el crecimiento y la evolución de Lázaro, que sale de su casa siendo un niño torpe e inocente y aprende a vivir gracias a todos los amos a quienes sirve: “Yo oro ni plata no te puedo dar; -le dirá el ciego- mas avisos para vivir muchos te mostraré”. Es literatura de risa y de entretenimiento, pero también de crítica muy clara, dura en muchos pasajes.

Me parece además un libro fundamental para aprender a narrar. Al estar contado en primera persona y dirigida directamente a otra (Lázaro cuenta su historia al arzobispo de Toledo) resulta una narración viva y fresca: parece que Lázaro nos cuenta su vida directamente a nosotros. La distancia temporal permite que se puedan hacer reflexiones, que se pueda quebrar la línea del tiempo. Utiliza recursos para hilar todas las historias, cuyo único punto en común es el protagonista y narrador: “Para eso le hacía burlas endiabladas, de las cuales contaré algunas…” “Mas, por no ser prolijo, dejo de contar muchas cosas, así graciosas como de notar, que con este primer amo me acaecieron, y quiero decir el despidiente y con él acabar

Lourdes G. Trigo.

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